Cuatro
Pontífices y un pobre
Hoy han
sido elevado a los altares dos nuevos santos, las calles de Roma han sufrido el
desembarco de al menos un millón de peregrinos, alegres y orgullosos, agradecidos a la providencia que les ha permitido acudir al epicentro de la fe católica
y sentir de primera línea un sentimiento de alegría idéntico al de otros muchos
millones que han dejado en sus lugares de origen, y todo eso está muy bien, hay
que creer en algo y al mismo tiempo sentirse orgulloso por ello, en eso
precisamente consiste la libertad, no seré yo quien les censure.
Los homenajes
a las buenas personas siempre me parecen bien, un reconocimiento en vida es
siempre bienvenido, póstumamente resulta alentador, cuando se hacen buscando réditos
no tanto, elevar a los altares a los tuyos es como mínimo indicio de prevaricación,
cuando esto se produce en pleno siglo XXI, decepcionante, y si encima hipnotizamos
la buena fe de millones de fieles con el boato y la supuesta transcendencia histórica
del momento, es utilizar el poder para subyugar a las masas, cuatro Papas, ciento
cincuenta cardenales, mas de mil obispos, siete millones de euros de gasto, dos
mil millones de telespectadores y luego cuando un pobre padre de familia,
muerto de vergüenza necesita mendigar un kilo de arroz, necesita diez instancias
para acreditar que está en la más absoluta pobreza, ¿Y este Papa era un aire
nuevo?, que tristeza, por cosas como estas estoy convencido de que Jesús
prefiere mirar hacia otro lado, si decidiera abrir sus oídos a los verdaderos
lamentos del mundo regresaría con los ojos encendidos de rabia, entraría en el
Vaticano y como en el pasaje de Sn. Jn. II 13-22 les azotaría y perseguiría hasta
verlos abandonar Italia remando.
Y luego algunos sacerdotes pretenden que me
retracte por haber escrito EL ELEGIDO, Un milagro prefabricado, ¡ay Dios mío!,
con todo lo que confío en el ser humano y que difícil me lo estás poniendo.
M Cobos Lechón 27 abr. 14
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